Sabiendo María por el Ángel que su prima iba a ser madre, corre presurosa a felicitarla, a pesar de los 120 kilómetros que las separaban. María saluda a Isabel, y a su vez, Isabel conoce por divina inspiración, que María es ya Madre del Hijo de Dios hecho hombre. La felicita, la ensalza y la proclama por la más feliz de las mujeres. María entonces inspirada por el espíritu Santo, prorrumpe en un canto de humildad y agradecimiento.

Unos días después María se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí? Tan pronto como tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!”

Oración

Dios todopoderoso, tu que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.