Un día como hoy, 27 de Noviembre allá por el año 1830, Nuestra Señora; la Santísima Virgen María, se apareció a Santa Catalina Labouré.
Durante esta aparición, la Virgen estaba vestida de blanco. A su lado había un globo y sobre el mismo, había una cruz. De sus manos se emanaban unos brillantes y refulgentes rayos de luz que caían sobre el mismo.

“Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan”.

Fue entonces en ese mismo momento que alrededor de la cabeza de la Virgen se forma una aureola con las siguientes palabras:
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti“.
Y una voz dijo a Catalina:

“Hay que hacer una medalla semejante a esto que estas viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen”, y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.

Un cambio de nombre

Anécdoticamente, un aspecto muy poco conocido, es que la medalla se llamaba originalmente “Medalla de la Inmaculada Concepción”, pero es a raíz de la gran cantidad de milagros concedidos por María Santísima a través de ella, que popularmente se hace conocida como “La Medalla Milagrosa”.
Muchos comenzaron a notar los grandes favores otorgados por María a quienes con devoción llevaban la medalla y rezaban la oración:

“Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”,

Tan popular se hizo la medalla, que hasta el emperador de Francia la llevaba consigo así como sus altos empleados.

El Caso de Ratisbonne

 

anversoMuy conocido es el caso de Alfonso Ratisbonne, un rico banquero y empresario Judío, que sentía un -sabido de todos- particular desprecio por la iglesia católica.
En el año 1842, se hallaba en la ciudad de Roma. Aquí es donde se encuentra con un francés converso del protestantismo: el Barón De Bussiéres. Fue él quien le contó a Ratisbone sobre los milagros otorgados a los fieles hijos de María, por medio de su milagrosa medalla.
Ratisbone, simplemente ignoraba tales “habladurías” considerándolas nada mas y nada menos, que pura y simple superstición.

El Barón decidido a hacer todo lo posible para lograr su conversión, desafió hábilmente a Ratisbonne para que se sometiera a una muy sencilla prueba: Debía llevar puesta la medalla y rezar el Memorare todos los días. Ratisbonne ante la insistencia acepta pero sólo para demostrarle al barón, que se trataba de “pamplinas” y que nada ni nadie iba a lograr persuadirle a convertirse al catolicismo. Convencido y muy seguro de si mismo, se puso entonces la medalla encima.
De su parte, el barón y un grupo de amigos, se comprometían a orar por la conversión de Ratisbone. Parte de este grupo de amigos era el conde de Laferronays, quien habiendo caído gravemente enfermo, decide ofrendar su vida a cambio de la conversión del judío. Ese mismísimo día entró a una iglesia y rezó 20 Memorares luego de los cuales sufre un infarto cardiaco. Ya en los últimos momentos de su vida, el joven conde recibe los sacramentos y muere.

reversoEl día siguiente, el 20 de enero de 1842, el Barón se encontró con Ratisbonne cuando iba a la iglesia de Sant Andrea delle Fratte, cerca de la Plaza de España en Roma, para hacer los arreglos de un funeral. Los dos entraron en la iglesia y Ratisbonne se quedó mirando las obras de arte mientras su amigo estaba en la rectoría. De pronto, el altar dedicado a San Miguel Arcángel se llenó de luz, y se le apareció, majestuosa, la Virgen María, tal como en la imagen de la medalla que llevaba al cuello. El se arrodilló y se convirtió. Mas tarde escribió: “Una fuerza irresistible me llevó hacia ella. Ella me pidió que me arrodillara. Ella no dijo nada pero yo lo entendí todo” Cuando el barón regresó de la rectoría se encontró a su amigo orando de rodillas con gran fervor frente al altar de San Miguel. Ratisbone entonces le dijo que deseaba confesarse y prepararse para entrar en la Iglesia. El 31 de enero recibió el bautismo, la confirmación y la comunión de manos del Cardenal Patrizi.

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