¿Cuándo se llega tarde a Misa?

No hay un ‘punto límite mágico’ per se. Si uno llega tarde a Misa sin poder evitarlo, por ninguna culpa de su parte, entonces si llega después del Evangelio pero antes de la Consagración, puede recibir la Sagrada Comunión. Pero, si llegan después de la Consagración, no han asistido a Misa y si es domingo, no han cumplido su obligación. Sería pecaminoso tener intención de llegar tarde (después del Evangelio pero antes de la Consagración) o llegar tarde por pereza, procrastinación, etc. Si uno se demora por enfermedad, mal tiempo, tráfico, etc., entonces hay poca o ninguna culpabilidad.

Alguien que regularmente y por rutina llega tarde a Misa, aunque sea antes del Evangelio, pero que cada domingo o sábado por la tarde se pierde la Oración Inicial, el Rito Penitencial, y la primera mitad de las lecturas es culpable de pereza espiritual (acedia o pereza) y pueden con facilidad ser culpables de irreverencia, especialmente si pueden llegar a tiempo a su trabajo y a otros eventos, pero a pesar de eso parecen tratar sólo a la Misa con informalidad.”

Otras respuestas obtenidas por una búsqueda en el mismo sitio indican que no hay una regla canónica que indique que se pueda o no llegar tarde a Misa. La Iglesia nos pide: “Oír Misa entera los domingos y demás fiestas de precepto” (Catecismo, n. 2042)Se espera que los fieles asistan a una Misa completa, llegando antes del sacerdote y saliendo después del sacerdote. Se dejan los motivos de llegar tarde o salir pronto a la conciencia de la persona, que debería poder discernir si su motivo es verdaderamente urgente o no. Sólo se puede recibir la Comunión una segunda vez ese día si uno asiste a dos Misas enteras. El P. Robert J. Levis indica en esta respuesta que podría ser un pecado mortal si uno llega tarde “con el espíritu de desobediencia u hostilidad a las órdenes de la Iglesia” (traducción del inglés).

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La parte más importante de la Misa es la Consagración, pero en la Misa nos nutre el Señor con Su Palabra además de con Su Cuerpo y Sangre. Si “…una Misa encierra todos los frutos, todas las gracias y todos los tesoros que el Hijo de Dios repartió en su Esposa la Santa Iglesia por medio del cruento sacrificio de la cruz“, como dice Sto. Tomás de Aquino, y en ella asistimos a ese mismo sacrificio de modo incruento, ¿cómo no poner todo el esfuerzo posible para no perdernos ni un sólo momento?

Perdernos la Palabra de Dios en el Evangelio en raras ocasiones (por razones excepcionales) debería de confirmar la regla de un gran deseo (y esfuerzo) de asistir a Misas completas por Amor de Dios. Los intereses de Dios deberían de crecer en nuestras vidas mientras que nuestros intereses mundanos deberían de disminuir, especialmente cuando se trata del Santo Sacrificio de la Misa.

Fuentes

Respuesta dad por el padre John Trigilio del 19.7.2003 Aparecida en el blog de Infocatolica.com

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