Ya por más de un siglo que los Turcos aterrorizaban al mundo cristiano, debido a una serie interminable de victorias que Dios les permitía, ya sea para castigar los pecados de los Cristianos, ya para volver a excitar los corazones fríos en medio de la ya casi apagada fe.

En el año 1521, el poderoso Süleyman o Solimán I, avanzaba imparable, conquista tras conquista, llegando y abarcando hasta donde lo llevase su ambición, invadiendo Austria y diversos lugares de Europa. Lo sucede su hijo Selim II, quien extiende el imperio Turco aún más, conquistando Chipre en 1571.

Respaldado con la más poderosa armada que el mundo jamás hubiese visto, presumió de sus próximos planes de conquista: Italia. Así lo había decidido y con ese destino enrumbó su poderosa flota, misma que decide tirar anclas en Lepanto, allí se prepararían para el ataque final.

Los cristianos, sabiendo que el destino de la Cristiandad estaba en riesgo, ensamblan una flota, pero muy inferior a la de los turcos, y de la que no podía prometerse la victoria, sino con la intervención directa del Cielo.

El papa San Pio V, suplicó la intercesión de la Santísima Virgen María, y bajo su protección, puso a toda la improvisada armada. Así, salieron a la mar desde el puerto de Corfú.

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Pronto fueron los turcos notificados por sus espías, de que la flota Cristiana venia a su encuentro, pero en un desplante de arrogancia (que se apoyaba en el conocimiento del número y tipo de las naves Cristianas) creyeron, nunca tendrían el atrevimiento de  presentarles combate.

Estando ambas flotas a una distancia de 12 millas, se da la orden de combatir. Se enarboló el estandarte Cristiano de Cristo crucificado bordado sobre el estandarte pontificio. En ese momento, todas las tripulaciones se detuvieron por un momento y tanto oficiales como soldados, puestos de rodillas, adoraron a Cristo. Fue un espectáculo verdaderamente religioso y estremecedor, ver al militar armado y listo para el combate, implorar la asistencia de su Señor.

Mientras ambas flotas acortaban distancia, se volvieron las tripulaciones con mayor fervor sobre la imagen de la Santísima Virgen María que se veneraba en todas las embarcaciones.

El viento, era favorable a los turcos y estratégicamente hablando, las cosas no pintaban para los Cristianos. Las velas de sus poderosos navíos, se hinchaban y embolsaban por el aire que golpeaba contra ellas, lo que les permitía más velocidad y maniobra.

La sola visión de las poderosas naves, daba mucho cuerpo al sobresalto y al temor entre los cristianos, quienes ya habiendo terminado de recitar el Santo Rosario, se alistaban para la arremetida.

De pronto, en un instante, el viento comenzó a soplarles de popa con tanta dicha, que todo el humo de la artillería cargaba sobre la escuadra turca. Los combatientes Cristianos reconocieron de inmediato en este hecho, la intervención directa de la Santísima Virgen María.

Se hallaron a tiro de cañón las dos armadas el día 7 de octubre, y se hizo tan terrible fuego de una y otra parte, que por largo espacio de tiempo quedó el aire oscurecido con la densidad del humo. Tres horas había durado ya el obstinado combate con empeñado valor, y con casi igual ventaja de unos y de otros combatientes, cuando los cristianos, más confiados en la protección del cielo, que en los esfuerzos de su corazón y de su brazo, observaron que los turcos comenzaban a ceder, y que se iban retirando hacia la costa. Redoblando entonces su confianza y su ardimiento nuestros generales, hicieron nuevo fuego sobre la capitana turca; mataron a Ali Pasha, abordaron su galera y arrancaron el estandarte. La flota cristiana, se había impuesto victoriosa.

En ese mismo instante, el papa Pio V, recibió por parte de La Virgen María, la revelación de la victoria sobre la flota turca. Agradecido, decide entonces instituir el día de «Nuestra Señora de las Victorias» y se agrega “Auxilio de los Cristianos” a las letanías de la Virgen María. Más adelante, el nombre de esta festividad sería cambiado a «El día de la Virgen del Rosario» por el Papa Gregorio III.

Fuentes

Adaptado de Vaticanocatolico.com